Aquí estamos de nuevo; el mismo coche, la misma hora, el mismo trayecto. El mismo sol del jueves pasado volvía a iluminar solo esas zonas de su cara que yo iluminaría si fuese sol también. Llevaba el pelo recogido al estilo hoy no tengo ganas de peinarme, lo que hacía que algunos mechones cayeran descaradamente sobre sus mejillas y buscaran constantemente mi atención visual. -No la mires tanto, que se va a notar-.
Busco algo que capte de nuevo mi atención por la ventana y encuentro verde por todas partes. El verde contrasta tan bien con el color de su pelo... no puedo evitar que mi visión periférica observe este tipo de detalles. Detalles, tengo que mirar sus manos -hazlo de reojo, por favor-. Están prácticamente igual, agarran el volante como si no hubiese mañana, tiene esa clase de nudillos perfectos que solo se dejan ver en ciertas situaciones extremas, cada vez que subo al coche me invade la paranoia de no saber si tiene miedo de conducir o de mí. Pero está tensa, eso lo podría jurar. Tengo que decirle algo.
Mejor no, no quiero cagarla con una conversación estúpida. -Mantente en silencio. Pero... ¿y si piensa que te has vuelto una persona introvertida? Ya sabe que eres una persona introvertida, debe saberlo. Pero, ¿y si piensa que me he vuelto una persona introvertida con ella?- Tal vez crea que no le intereso o tal vez crea que le intereso más.
-¿Estás bien?
-Sí, sí, ¿por qué lo preguntas? -le estás pidiendo demasiadas explicaciones, otra vez.-
-Te veo muy... -esta pausa fue tan larga que me entró miedo- paisajista. Busca ahí en los cd's y pon algo que me saque del tedio de esta carretera. ¿O mejor cogemos otra ruta?
-Cd's -¿esto es lo mejor que se te ocurre? Di una frase completa, joder, una sola-. ¿Cuál te apetece? -eso, arréglalo con sumisión-.
-Pon a los rolling, mismo, no te compliques.
Busco nerviosamente entre lo cuatrocientos millones de cd's que tiene tirados en la guantera. ¿De verdad prefiere los rolling ahora? Si lo que lleva aquí es muy diferente. Seguro que piensa que no conozco la música que le gusta y está tirando de lo mainstream. No hagas eso conmigo, por favor. He de ponerle un temazo de los rolling, pero estoy en otra parte. Por fin lo encuentro. Perfecto, un cd pirateado. Lo pongo y automáticamente mi mano empieza a buscar otra canción. ¿Y ahora cómo te vas a detener en una pista, si, dejando el cuento a un lado, has escuchado tres canciones enteras de ellos a lo largo de tu vida? Ya voy por el número 5 y aún no me ha sonado nada. Por fin, al llegar al 7 escucho Sympathy for the devil y, de no ser por ella, en realidad hubiera seguido dándole al botón. Me sentía como un primate de experimento.
-Deja esa, por favor. -Automáticamente noto como el verde recorre cada vez más rápido el contraste de su pelo. Está acelerando, esto es lo que quería escuchar desde un principio. Me tranquilizo durante dos segundos.
-¿Sabes qué? -otra pausa de esas mortales, un día de estos me voy a precipitar demasiado, como si lo viese venir-.
-¿Qué? -reviento, al fin-.
-Vamos a ir por el camino más largo que conozco. Te voy a hacer un regalo, tú solo disfruta.
Tardo nosecuantos segundos de reloj en asimilar la frase. ¿Un regalo? Paisajista, querrá decir. Espero que no quiera decir eso. Un regalo, disfrutar. Eso ha sido extraño, tal vez es la canción, que la vuelve loca de verdad y le hace desear cosas inusuales. Tal vez es el momento de decir algo inusual yo también. Oh, no, ha sonreido hacia abajo. Desde que la conozco he observado tres sonrisas diferentes, pero esta es mi favorita, sin ninguna duda. Las comisuras hacia abajo... es una sonrisa. Oh, no, estoy sonriendo yo también, hacia arriba. Para. Di algo. Joder. Ha subido el volúmen, aprovecha.
-Te veo muy follable con ese sol que entra.
-¿QUÉ? -grita muy alto-. -Mierda, ha bajado la música para que le repita lo que he dicho, quiero desaparecer.-
-Que es insoportable el sol que entra.
Sonrie, esta vez de la manera número 1. Hacia arriba y pestañeando. No pestañea nunca, la muy zorra, y lo tiene que hacer cuando sonrie. Odio ser tan consciente de que ella es tan consciente de su encanto. Me da que me ha escuchado. No sé si alegrarme o llorar.
Vuelvo a mirar por la ventana y esta vez es todo marrón. El marrón no me gusta para ti, quiero decir. Me reprimo y aguanto la respiración hasta que pasan todas las montañas. Tal vez debería decirle que si se viene a ver una película a mi casa, ya que va de paso... Eso contiene siempre tantas segundas que en realidad no me he atrevido a decirselo nunca a nadie. Pero no sé qué hacer. -Uf, olvida eso, de verdad, ¿o no recuerdas la frustración al ver tu película favorita de aquel momento contaminada por la tensión sexual? Cuando no sabías donde poner las manos ni la vista durante dos horas y media. ¿Lo recuerdas ahora? Era una tortura-.
De repente ya hemos llegado. El camino largo se ha hecho breve, corto, ínfimo, ha sido un instante. Ahora es cuando me bajo, le digo que hasta otra, pone su segunda sonrisa, arranca y se aleja con una velocidad y una determinación que ya quisiera yo para mí.

